martes, 6 de junio de 2017

La identidad del político

Una reflexión sobre lo importante que es definir y reflexionar uno mismo sobre su propia identidad y mucho más entre aquellos que tienen en sus manos los designios de más personas a las que representan y sobre las que deben actuar con responsabilidad. La identidad de toda persona viene definida por el momento y el lugar que ocupa en el mundo, esto es, dónde y cuándo está. Cuál es el entorno en el que desarrolla su actividad y su vida, con quiénes se relaciona en ese lugar y ese momento. También tiene mucho que decir lo que hace. Las reacciones a ese entorno y a ese tiempo. Sus capacidades y habilidades en aplicar ese comportamiento. Y sus creencias y valores, que vendrán condicionados por su familia, amigos, educación, formación, vivencias, experiencias, fracasos y logros alcanzados. Todo ello define una identidad propia, única e irrepetible.


Desde el ejercicio  de cualquier actividad, el ser humano tiene la responsabilidad de trabajar por un mundo al que las personas deseen pertenecer. Esa es la finalidad última a la que deberíamos aspirar todos, más aun cuando se desempeña una posición de representación política.
Si entendemos la política como una actividad de intervención o intermediación en las discrepancias de los ciudadanos y un sistema válido y exitoso con el que conseguir el bienestar de una comunidad, puede extenderse el concepto a aquellos que ostentan representación no ya estrictamente de lo que conocemos como “política”, sino también sindical, la actividad en las organizaciones empresariales, en colegios profesionales, asociaciones y organizaciones no gubernamentales o de cualquier tipo. Es la política tomada en su sentido más amplio posible. La política como una actividad que canaliza la vida ciudadana al objetivo del bienestar social y de la convivencia pacífica.

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