martes, 28 de febrero de 2017

El peligro de las conclusiones precipitadas

Actuamos conforme a nuestras creencias. Opinamos también conforme a ellas. Y a través de ellas vemos el mundo de una determinada manera. Nuestros filtros mentales, además, nos hacen que prestemos atención a determinados aspectos en detrimento de otros y eso puede hacer que veamos las cosas de una determinada manera, equivocándonos en nuestras apreciaciones.

Y comparto una cuarteta de Ramón de Campoamor que dice:

«En este mundo traidor
nada es verdad ni mentira
todo es según el color
del cristal con que se mira»

Campoamor admite que nada vale, que ningún valor es inmutable y que inevitablemente impera el subjetivismo, la arbitrariedad y el relativismo en todas las facetas de nuestro mundo.



Ante cualquier circunstancia, tendemos a sacar conclusiones y a crear opinión con los primeros datos con los que nos encontramos. Son datos que percibimos antes que cualquier otros. Los captamos en nuestra primera visión porque nuestro cerebro, por diversas razones, lo hemos inconscientemente condicionado más hacia ellos que hacia el resto, obviando y pasando por alto los demás factores, quizás más relevantes, que nos ayudarían a conformar una interpretación más completa y objetiva.


Interpretar la realidad no es fácil. Requiere un proceso más complejo que la simple primera impresión. Hay muchos matices que están ahí y que debiéramos considerar a la hora de actuar. Nada más falso que el dicho español, “la primera impresión es la que cuenta”.


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