lunes, 9 de enero de 2017

¿Qué hacer si te insultan?

En el debate político se contrastan las opiniones y se fijan las posturas que defiende cada grupo político o cada persona. Luego, la aritmética parlamentaria resuelve. Pero todo debate democrático y transparente requiere argumentos, que son la justificación, la razón y la emoción que sustentan una determinada opinión. 

El argumento político se fundamenta en el uso del silogismo que no es más que una serie de proposiciones congruentes de las que se deriva una conclusión y, en consecuencia, una decisión. Sin embargo, algo que parece tan sencillo, se ve salpicado habitualmente por el uso que hacen los interlocutores de aparentes argumentaciones con el fin de justificar su opinión. Estos argumentos no aportan razonamiento ni conclusión y pueden utilizarse por pura ignorancia, engaño, falta de capacidad, maldad o pobreza intelectual. Son las falacias argumentativas

El argumento sirve para sostener una conclusión, pero si está mal formulado o contiene falacias, su finalidad no se alcanza de forma plena. La falacia es un engaño y todo argumento que se deriva del engaño se convierte en sofisma, en un argumento engañoso. El debate político cae, en más ocasiones de las aceptables, en el uso y abuso de las falacias argumentativas, lo que lo empobrece y muchas veces lleva a la decepción y a la frustración por parte de los ciudadanos. Este uso se recrudece exponencialmente en épocas de campaña electoral o en el ardor por la defensa en posiciones abiertamente encontradas.




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