lunes, 27 de junio de 2016

26J: Todos no ganan


A primeras horas de la mañana del día siguiente a las elecciones del 26J, empezamos a alejarnos, un poco, de las emociones del momento y a digerir unos resultados que a algunos ha sorprendido pero que son el natural resultado de lo que desde hace seis meses y hasta ahora ha sido la política en España.

Como siempre en estos casos, todos ganan aunque podemos hacer matices que nos aclaren lo sucedido y valorar los resultados.

El Partido Popular ha rentabilizado el dejar hacer durante estos meses. Cuando en diciembre vio los números y las actitudes de los demás, decidió esperar acontecimientos. Ante el fracaso de pactos y vetos, planteó una nueva campaña polarizando el escenario político entre su experiencia, sus resultados económicos y su moderación por un lado y la aventura, el riesgo, la inestabilidad y el radicalismo de Unidos Podemos, por otro. Ninguneó intencionadamente al PSOE con la esperanza de que Pedro Sánchez fuera apeado por su aparato y forzara la abstención que facilitara el gobierno de Mariano Rajoy. Utilizó también el argumento del voto útil para recuperar el voto fugado a Ciudadanos, esgrimiendo para ello el temor al ascenso electoral de Unidos Podemos. Todo hay que decirlo, le salió bien. Redondo, diría.

El PSOE, pese a batir un nuevo record en los peores resultados de su historia, tuvo que apretar mucho en los días de campaña, movilizando la fantástica estructura que sin duda tiene. Se vio apremiado por la expectativa creada por Unidos Podemos que amenazaba, además, su hegemonía en la izquierda. Pedro Sánchez logró un nuevo mal resultado. Pero, si hacemos lectura interna, no hay ya quien le apee de la Secretaría General. Refuerza su liderazgo personal, pues todos sus barones territoriales han perdido en sus regiones. Incluida Susana Díaz, derrotada en Andalucía y con pírricas victorias provinciales en Huelva, Sevilla y Jaén. Y el PSOE, además, así las cosas, sigue siendo clave en la gobernabilidad de España.

Unidos Podemos demuestra una vez más que en política no valen las matemáticas. Que dos y dos no son cuatro, sino que hay más parámetros que determinan el voto del ciudadano. Lo que se cree que se gana por un lado en una alianza, se pierde por otro. Su expectativa era, no solo adelantar al PSOE en resultados, sino disputarle directamente la victoria al PP, cayendo y alimentando la polarización. Se consolida, pero no crece. Pero por el camino se ha impregnado de una Izquierda Unida, ya muerta, que le pesará como una losa en futuros comicios.

Y Ciudadanos, o mejor dicho Albert Rivera, porque no hay nadie más detrás de las siglas, recogió los errores de los últimos seis meses. Abusó de sus ataques personales a Mariano Rajoy, pensando en que la propia estructura del Partido Popular le movería la silla; se mojó alcanzando un inútil pacto de gobierno con el PSOE y se sentó con quien dijo que jamás se sentaría, Podemos, sin ser consciente de que administraba buena parte de un voto popular desencantado.

Como ven, aunque sutilmente, el escenario ha cambiado, aunque no así los actores. La matemática sigue siendo diabólica, pero ha devuelto a la realidad a los protagonistas y a sus empecinamientos. Esperemos que en esta poco nueva etapa las actitudes cambien y haya pactos de investidura y de gobierno. No creo, por tanto, que haya nuevas elecciones aunque tampoco habría que descartarlo, pero sería un grave error.

Con lo que empieza a llover en Europa y las nubes que podrían llegar a nuestra incipiente economía, carecer de un gobierno que funcione es un lujo que no nos podríamos permitir.

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