viernes, 22 de abril de 2016

Pablo Iglesias y el escorpión



Parece que Pablo Iglesias va enseñando la patita de su verdadero carácter y de su talante. Y siendo profesor de esa misma universidad, lo demostró ante su publico. Ante un público que le jaleó con entusiasmo y animó a seguir con risas, asentimientos y aplausos el linchamiento de la victima. Las invectivas iban dirigidas directamente contra Álvaro Carvajal, periodista de El Mundo, quien sigue a Podemos desde sus inicios, e indirectamente contra los medios de prensa en su conjunto. Lo hizo en la Universidad Complutense donde el que no anima, no jalea, no aplaude o no asiente, simplemente puede suspender, lo que es el drama más absoluto para un universitario. Y si hay que hacerlo se hace, porque tanto el coste de la matrícula como el futuro de la persona va en ello.

Parece que al líder de Podemos no le han gustado algunas portadas publicadas por no tener la orientación o el contenido que él quisiera. Y viniendo de donde viene, es como para tener miedo, más aun cuando el protagonista de las amenazas se ha postulado recientemente como Vicepresidente de Gobierno con acceso a servicios de inteligencia y vigilancia, así como a datos personales de los ciudadanos.

Pero la contradicción de todo este asunto se refleja en ambas partes ahora enfrentadas.

Pablo Iglesias y Podemos es, en buena parte, resultado de la cobertura que sistemáticamente han realizado los medios de comunicación durante los últimos años aumentando una popularidad que le catapultó incluso a utilizar su cara como logotipo en las papeletas electorales de las elecciones europeas de 2014. El ciudadano identificaba su cara por verlo constantemente en la tele o leerlo en la prensa, no porque tuviera un programa político que ofrecer. Ofrecía su popularidad y el populismo que los ciudadanos, hartos de crisis, de gobernantes y de políticos, necesitaban. Y ahí, entraron en la melé. En la melé de atacarlo todo y de cuestionarlo todo. Que de eso se trataba. Porque vendía.

Y ahora la bicha, se ha revuelto contra quien le daba de comer, recordándome aquella fábula que suele atribuírsele a Esopo. El escorpión que pide a una rana que le ayude a cruzar un río prometiendo no hacerle ningún daño. La rana accede subiéndole a sus espaldas pero, cuando están a mitad del trayecto, el escorpión pica a la rana. Esta, sorprendida, pregunta ¿cómo has podido hacer algo así? Ahora moriremos los dos. Ante tal evidencia el escorpión responde: No he tenido otra elección. Es mi naturaleza.

Como moraleja, aprendemos que hay ciertas personas cuya ambición es tan desmedida que no tienen empacho alguno en destruir las propias circunstancias que los mantienen a flote.

Entre la actitud del escorpión, en la fábula, y de Pablo Iglesias, en nuestra realidad política, hay un paralelismo claro. Ahora que cada uno, saque sus conclusiones.

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