jueves, 21 de abril de 2016

La corrala política

Si la nueva política iba a dar un aire nuevo a lo que nos calificaban como siempre tensas relaciones entre los distintos partidos; si pensábamos que su presencia en las instituciones sería garantía de diálogo y acuerdos en beneficio de todos; si alguna vez creímos que con criterios tan dispares y contradictorios se iban a poner de acuerdo sin reproches ni inquinas, nos equivocamos. Reconozcámoslo. Nada es nuevo. Todo está inventado. Es lo de siempre. Con otros actores, pero lo de siempre.

La democracia es tan bonita y estupenda, que quien más y quien menos, incluido un servidor, se lo creyó. Impulsados por lo políticamente correcto del momento, por lo razonable y por las buenas palabras e intenciones que nos fueron vendiendo desde distintos ámbitos, llegamos a afirmar eso de que, tras las elecciones del 20D, los ciudadanos votaron por el diálogo y el acuerdo entre todos. Paz y amor.

Eso, que se llamó la “nueva política”, ha demostrado ser un invento para vender un pescado que huele tanto como el ya que había en el mercado. No es cierto que los ciudadanos hayamos votado por el diálogo y el acuerdo. Hemos votado, digámoslo claro, lo que cada uno hemos querido, lo que nos ha parecido más conveniente según nuestras personales circunstancias. Nadie se acercó a la urna pensando que su partido debería llegar a acuerdos con otros para poder así gobernar, consensuar, pactar y ser felices tras el proceso. Nadie pensó que su voto suponía una parte del pluralismo enriquecedor que facilitaría un gobierno mejor y más eficaz. Nadie pensó así. Se votó y punto.

Las decisiones tomadas reflejan que muchos votantes, desengañados por la pretendida y bautizada como “vieja política”, pensaron que votar a los de la “nueva política” les reportaría un escenario idílico.

Tras cuatro interminables meses “negociando y dialogando” los ciudadanos hemos sacado nuestras propias conclusiones que reflejan lo que percibimos de lo que se dice y lo que se hace, de la actitud y del comportamiento que hemos visto en cada uno y de lo que intuimos que pretende cada cual. Ha habido tiempo de saber cómo es cada uno. Toca ahora valorarlo y analizar si esto es lo que cada uno perseguía con su voto.
Tampoco es cierto lo que se dice con toda formalidad y boato sobre que la mayoría de españoles estén en contra de repetir las elecciones. Y no lo es en base a la primera falsedad ya comentada. Visto lo visto, que se vote otra vez. Que seamos conscientes de nuestro fracaso, no solo del de los partidos políticos, y de los efectos de nuestras decisiones. Si hemos visto que esto no funciona así, debemos permitirnos cambiarlo.
Nos encaminamos a nuevas elecciones. Yo creo que es lo que todos querían. Somos ahora espectadores de cómo se culpan entre ellos para que unos parezcan los buenos que querían dialogar y los otros, los malos y egoístas. Como en el patio del colegio.

Desde Ciudadanos se dice que el PP pinchó a Podemos para ver si rompía al PSOE por la mitad. Rivera, después de tantear múltiples posicionamientos, pide ahora un gobierno independiente sin Rajoy y sin Sánchez. Podemos, además de pedir sillones, vicepresidencias y más grupos parlamentarios, sigue en Babia en el Congreso y no termina de conocer su Reglamento. Nada extraño, pues también interpreta a conveniencia sus propios códigos de ética. Debe ahora afrontar una investigación policial para conocer su más que dudosa financiación. El PSOE les acusa de querer mantener a Rajoy y estar desde el principio pensando en sillones, financiación, elecciones y coaliciones. Y el PP espera que alguien quiera hablar.

Vista la situación, en la que todos hablan de sus cosas y de las de los demás, la política española se ha convertido en una ruidosa corrala en la que las voces del vecindario se confunden, se multiplican y se contradicen. Y con este runrún de fondo entiendo que sea mejor volver a votar. Y ahora sí. Ahora ya nos conocemos mejor.

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