viernes, 12 de febrero de 2016

Es tiempo de Sánchez

Es incuestionable que Sánchez, y con él el PSOE, han tomado clara ventaja en su carrera hacia La Moncloa. Desde que Rajoy declinó el encargo real de intentar la investidura, es Pedro Sánchez, que llevaba con la mano levantada desde que se iniciaron las consultas, el que ha salido, con ganas, a negociar y dialogar con unos y otros. O con unos más que con otros, que también. Lo que sí está claro es que el mandato del rey a Sánchez, ha propiciado, al menos, el diálogo entre las fuerzas políticas, aunque sigamos sin ver claro cómo terminará todo.

Quien no quiso cuando pudo, no puede cuando quiere. Este dicho popular viene a cuento de la negociación paralela que al socaire de la ya iniciada y con tardos reflejos y oportunidad, ha comenzado recientemente Mariano Rajoy. A buenas horas, mangas verdes, pues esos grandes pactos de Estado que ahora se presentan llegan un mes tarde.

Y confieso que el declinar la oferta real de investidura supuso, tal y como estaba el patio, una maniobra inteligente. Nadie contó con que el rey, en tal momento, daría la oportunidad a Sánchez, desbaratando toda posibilidad de éxito en aquel atrevimiento. Ahora ya la oportunidad pasó. Las cartas están dadas y los envidos empiezan. Es el tiempo de Sánchez. De Sánchez y sus circunstancias.

Y Pedro Sánchez ha iniciado las conversaciones poniendo por delante dos palabras atractivas y con enorme contenido: “para qué”. Antes de buscar el “quién” hay que definir el “para qué”. Y en esas sencillas palabras se vuelcan los valores que dicen honrar todos los partidos. Nos pueden gustan más o menos o quizá pensemos que para unos son más flexibles y moldeables que para otros, pero indudablemente representan la seña de identidad y la fidelidad con sus votantes y con sus afiliados. No honrarlos sería suicida y se pagaría en próximos comicios. Son el corsé más importante que limita, pero también circunscribe las negociaciones abiertas y marca sus reglas. Ninguno debería abandonarlos.

Han transcurrido ya casi dos meses desde las elecciones generales. Aquel que ha desbloqueado la situación política, debe tener tiempo para dialogar con todos y sopesar lo de todos. Pero también es necesario que las negociaciones se desarrollen con agilidad, pues la sensación de incertidumbre no está solo en los mercados, sino también en la calle y con el peligro añadido de que los ciudadanos empiezan a pensar que voten lo que voten luego hacen con su voto lo que a cada partido le da la gana.