sábado, 14 de noviembre de 2015

Pacto y diálogo en política

Todo pacto se entiende como un acuerdo entre dos o más personas que obliga a ambas a cumplir una serie de condiciones. Es un punto común que une a quienes lo establecen y que supone para las partes poder conseguir una meta concreta e ilusionante para su diseño de sociedad. El pacto es la esencia de la política entendida esta como la forma de establecer compromisos entre intereses contrapuestos para alcanzar la tranquilidad y el equilibrio social.
Siempre en política, al estar en juego la organización y gobierno de las comunidades humanas, existen intereses enfrentados. La diferencia, convertida en desigualdad, está en el origen de la política. Para poder hacer frente y resolver los problemas de esta desigualdad, debe pactarse. Pero para lograrlo es necesario el diálogo.
Es indudable que la iniciativa de Mariano Rajoy de entrevistarse con los otros líderes de los partidos más representativos de la política, del sector empresarial y del sindical, ha servido para recuperar una política de pactos, de espíritu de consenso y de diálogo que hacía falta en estos momentos que a todos nos preocupan.
Desde hace algún tiempo, quizá demasiado, nuestros representantes, como la sociedad en general, no practica la cultura del acuerdo y del diálogo, sino que se ejerce el aislamiento o el más absoluto desprecio. Indudablemente, esto produce que, al no existir un diálogo sincero entre las partes, los conflictos se incrementan y se hacen todavía más complejos en su resolución.
Para alcanzar el pacto, el acuerdo, hay que dialogar. Entender al otro, escucharlo. Y también explicar y aportar motivos. En este diálogo hay que escuchar más que hablar y hay que entender más que explicar. Porque solo desde la comprensión de los posicionamientos del otro, podemos avanzar en buscar una resolución favorable y ventajosa para todos.
En todo pacto hay cesiones y en todo diálogo reflexiones. Es ahí donde el entrenamiento personal, las habilidades y herramientas que se pueden desarrollar con la ayuda del coaching y del acompañamiento del coach son necesarias, sino imprescindibles. Ya he comentado en alguna ocasión que escuchar no es oir, sino que es entender, escuchar desde la comprensión más profunda, dejar espacios para pensar en las distintas opciones. Y, sobre todo, tener claro el para qué de cada una de las partes, porque ahí es donde se posicionan y salen a relucir los valores más íntimos que cada uno honra y defiende, lo que movilizan la voluntad personal de hacer.
Acudir a la negociación, establecer un diálogo desde posiciones sectarias y doctrinarias, en la que una de las partes se sitúe en un plano superior desde el que pontifique sobre lo bueno y lo malo, no es negociación, sino imposición. Tampoco se puede ir cual si fuera un observador, sino que hay que llevar opciones, posibilidades, explicar el fondo del asunto y ser absolutamente sincero.
Pero también es muy importante que en toda política de pactos, los ciudadanos tengan información exacta de las reflexiones para poder entender las cesiones. Y respetar las acciones que se puedan decidir, pues estarán dirigidas al bien común, al deseo de lograr unas metas que puedan satisfacer a todos, en la medida que esto sea posible.
Expresiones como pacto, acuerdo, negociación, diálogo, consenso y otra forma de hacer política no se deben quedar como una sola imagen, bonita, atractiva y vendible, sino que deben ser una forma de gestionar lo público en todo ámbito ciudadano.
Alberto Astorga


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