lunes, 21 de septiembre de 2015

Los cien primeros días






En política, y ya extendiéndose a otras áreas de actividad, se suele hablar de cien días de cortesía que tanto la oposición como el conjunto de la ciudadanía conceden a los nuevos gobiernos para empezar a “darles caña”, a cuestionar sus decisiones, o denunciar su inacción, en el ámbito que sea. También son la carta de presentación de una nueva gestión y marcan un hito y una clara imagen de lo que será la legislatura.
Es precisamente ahora cuando se cumplen los cien días de los gobiernos municipales salidos de las urnas el pasado mayo. Pronto se cumplirán también los de los gobiernos autonómicos constituidos poco después.
El origen de esta expresión se remonta a los cien días que transcurrieron entre la fecha en que Napoleón Bonaparte abandonara su exilio en la Isla de Elba y su derrota definitiva en Waterloo y fue citada por primera vez en el retorno a París del repuesto rey Luis XVIII.
Pero fueron los norteamericanos, a los que les debemos muchos conceptos en política, los que le dieron el sentido actual. Franklin D. Roosevelt, llegó a la presidencia de los Estados Unidos en 1933, en plena quiebra económica y con el país sumido en profunda recesión. Nada más acceder al gobierno, en los cien primeros días, logró ver aprobadas por el Congreso quince leyes de variado contenido económico que supusieron un cambio radical en la situación de crisis que se venía padeciendo. Fueron cien días en los que se transmitió capacidad de gestión y de reacción ante la situación, confianza y optimismo tanto a una ciudadanía profundamente deprimida en su ánimo como a unos mercados que necesitaban más que un empujón.
Los cien primeros días son una referencia política de las intenciones y de la eficacia de los nuevos o renovados gobernantes. Da igual que sean cien, lo importante es la simbología de marcar una referencia temporal descriptiva. Obviamente, en tan poco plazo, no hay tiempo de resolver todos los problemas con los que el gobernante se encuentra, pero sirven de referencia de cómo se abordarán los mismos a lo largo de la legislatura. Ahí se ve, o se quiere ver, “como caza la perrina”.
¿Y qué se supone que deben hacer los gobiernos en estos cien días?
Son, indudablemente, un reto en sí mismos, pues suponen una primera imagen siempre importante, en la que se debe ver con claridad el deseo de no defraudar a los votantes y dejar claro que son el gobierno que la ciudad, comunidad autónoma o estado necesitaban. Son la prueba de fuego en la que se debe demostrar capacidad de gobernar con transparencia, de gestionar con eficacia y de generar confianza y optimismo en la ciudadanía.
En la teoría es muy sencillo. Mucho más complejo en la práctica. Deben hacer ver que el votante no se ha equivocado, que están preparados para gobernar y que serán fieles cumplidores de las expectativas creadas durante el proceso electoral.
Y lo primero que se debe demostrar es que hay equipo. El líder debe ser lo suficientemente hábil para rodearse de un buen equipo, por lo que los nombramientos son un primer y decisivo test.
Al hacer el equipo, sobre todo los equipos de gobierno, debe contarse con aquellas personas con las cualidades necesarias para ejercer el gobierno en las distintas delegaciones. Y esto no es baladí, pues el ciudadano exige capacidades y habilidades que no todos tienen. Ya no vale instalar en los sillones a los amigos o conocidos, personas de absoluta confianza y total lealtad para el que gobierna. Ahora se penaliza esto y se exige aquello. No se trata de volver a la tecnocracia, pero tampoco de hacer de los equipos políticos una pandilla. Se trata de contar con aquellas personas que disponen de conocimientos y experiencias concretas, necesarias y útiles en la gestión de gobierno.
Y lo segundo, y tan importante, son las medidas. Las acciones determinan una dirección política eficiente y eficaz. Es el momento de poner en marcha las promesas electorales. Por ello las primeras medidas deben centrarse en aquellos temas que más preocupan a los ciudadanos y por los que éstos decidieron darles su voto.
Pero estamos centrándonos, como es habitual en estos casos, en los cien días de los gobiernos, pero no son los únicos que cumplen días. ¿Qué pasa con los cien días de la oposición?
Los grupos de oposición suelen dejar pasar los cien primeros días del gobierno como una cortesía y no sienten responsabilidad de tener que hacer algo. Pasan o quieren pasar desapercibidos porque el principal protagonismos mediático es de los gobiernos, pero no deben olvidar que ejercen una responsabilidad que los ciudadanos les han confiado. Deben, por tanto, en un ejercicio de transparencia, explicar cuál ha sido su actividad durante estos primeros días. Qué propuestas, qué sugerencias y qué iniciativas han tomado.

Los cien días marcan un hito mediático que, al igual que el primer año de gestión, deben ser aprovechados para dar una imagen de solvencia política y de transparencia al ciudadano.
A partir de ahora se sucederán ruedas de prensa y comparecencias ante los medios de comunicación en las que todos harán balance de lo hecho. Lo harán todos porque es una extraordinaria oportunidad de presentarse ante los electores, todavía motivados y conscientes de la elección realizada.
Estamos, en definitiva, en el momento crítico en el que el ciudadano construirá la imagen de sus gobernantes y esa imagen la mantendrá durante todo el mandato. Nunca hay segundas oportunidades de crear una buena primera impresión. Y los cien primeros días son esa primera impresión. Para todos.

Alberto Astorga - Septiembre 2015

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