lunes, 28 de septiembre de 2015

Campaña electoral y emociones



Nos han enseñado, casi como una máxima constante, permanente e inmutable, que al tomar decisiones importantes lo tenemos que hacer de manera fría y racional, dejando al margen, incluso olvidando, las emociones internas, esas que nos mueven, no el cerebro, sino el corazón, el alma. Siempre nos ha dicho que nuestra emoción no afecte a nuestro juicio. Las emociones, sean positivas o negativas, han sido y todavía son consideradas erróneamente por muchas personas como perversas a la hora de tomar decisiones.
Superada mayoritariamente hoy en día esa creencia, hay científicos que opinan que emoción y razón deber ir siempre de la mano, no compitiendo entre ellas, sino complementándose y enriqueciendose mutuamente. Este concepto ha sido asumido desde hace poco tiempo por los directores de las campañas electorales, por los consultores políticos y expertos en comunicación, quienes incorporan mensajes que son diseñados para causar una emoción, sea positiva o negativa, según intereses y circunstancias, que provocarán necesariamente una reacción racional en el receptor. En este caso, el voto.
Esto es lo que desde hace bastante tiempo se está realizando en Cataluña. Ya antes, pero mucho más durante esta extraña campaña electoral al Parlamento de Cataluña, unos y otros han estado usando con intensidad el juego de las emociones más que el llamamiento a la razón y al buen juicio.
Siempre, aquellos partidos que según las encuestas van por delante buscan permanentemente provocar sentimientos positivos que lo ayuden a mantener su ventaja, mientras que aquellos otros que se ven por detrás utilizan una mezcla de mensajes positivos y negativos para mantener el apoyo de sus votantes y, a la vez, disuadir a probables votantes de sus competidores o incluso movilizar a potenciales abstencionistas.
En esta partida por las emociones, aquellas que son consideradas como positivas refuerzan al individuo a mantener su posición, su decisión: motivarlo. Sin embargo, las emociones que llamamos negativas lo que pretenden es obligar al ciudadano a buscar nueva información o a repensar y reconsiderar la decisión tomada: hacerle recapacitar.
En la campaña electoral catalana que hemos vivido, a distancia unos y más cercana otros, se han puesto sobre los atriles de los distintos oradores argumentos basados en emociones. Se ha anunciado la pérdida de la nacionalidad como pérdida de la identidad personal del individuo; pretendidos agravios históricos, incluso supuestas invasiones en tiempos lejanos; explotación económica en beneficio de otros; éxodo de empresas, industrias y entidades financieras muy arraigadas; exclusión de Europa y de sus políticas económicas; dudas de quién pagará las pensiones a los jubilados y demás beneficiarios; imposibilidad de participar en campeonatos deportivos y en selecciones nacionales; orgullo patrio por logros deportivos de nacidos en la tierra; independencia; unidad; propia identidad como ciudadanos del mundo; libertad, ilusión. Todo un sinfín de emociones que afectan al individuo en su ser más íntimo, porque tocan a su identidad como persona y como ciudadano, a las creencias que le han impuesto y que ha asumido desde la infancia, a los sentimientos más personales y más profundos. Todo vale. O se quiere que valga todo, que no es lo mismo.
Es indudable que todo ello afectará en la toma de decisiones de quienes tienen la responsabilidad de votar. Pero no solo les afectará a ellos, sino que también nos afectará a todos los ciudadanos de España, pues las emociones nos han tocado a todos. Todos tenemos una opinión de lo que en Cataluña está sucediendo basada también en las creencias y en las emociones que nos generan. Todos estamos en la misma causa y, por tanto, lo que suceda en estas elecciones nos afectará a todos. Nuestra identidad como ciudadanos de un país que siempre hemos conocido y sobre el que se asienta buena parte de nuestras creencias depende de las emociones de los ciudadanos que son los que, uno a uno, desde su individualidad, hacen una patria.
Cuando escribo este artículo para El Correo Extremadura es 27-S. Mañana, cuando ustedes lo lean, ya tendremos un buen puñado de emociones que nos afectarán como individuos y como colectivo. Que hoy los votantes acierten con sus emociones y que mañana, o quizás esta noche, nosotros acertemos con las nuestras, ya es algo que el tiempo nos lo dirá.
Alberto Astorga - Septiembre 2015

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