domingo, 21 de junio de 2015

Cambios en la política de hoy

La crisis económica que se inició allá por 2008 y que todavía, aunque en menor medida, nos acompaña, trajo y trae consigo una compleja serie de modificaciones en el conjunto de la sociedad y, sobre todo, en el modo en cómo se percibe ahora, con estos cambios, a la política y a los políticos.

Sería exagerado decir que nada es como era. Efectivamente, no es del todo así, tan radical. En política se está produciendo, un cambio de paradigma que inevitablemente afecta y afectará a todos los actores implicados en ella y el éxito en la adaptación a las nuevas circunstancias será, sin duda, determinante para la subsistencia, o no, de parte de lo que hoy conocemos.

Alberto Astorga Coach Politico Coaching
Como decimos, la crisis y cómo se ha afrontado desde la política, tanto en su cuota de responsabilidad en su génesis como en las medidas que se han tomado para preverla, primero, mitigarla, después, y encauzarla ulteriormente han sido el detonante que ha puesto en marcha un cambio radical y a gran velocidad de lo que la sociedad siente frente a la política, los políticos, los partidos y las instituciones. Son cambios tan rápidos, que las estructuras políticas tradicionales no terminan de encontrar el adecuado y más acertado punto de encuentro.

De hecho, muchos políticos todavía se niegan a aceptar que los cambios que se perciben no sean meramente coyunturales y piensan que, tarde más o tarde menos, las aguas volverán a su cauce y la crispación, la crítica y el descontento, tomarán vías más razonables. Esto, sin embargo, supone, a mi modo de ver, vivir de espaldas a la realidad. Y si eso es así, todo cambio que se plantee no será más que una puntual adaptación en la que nada cambia de verdad y la situación, inevitablemente, se estanca.

Viendo cómo ha evolucionado el escenario político español tras las elecciones europeas primero y las municipales y autonómicas después,  se puede afirmar que los valores del votante  han cambiado significativamente y en paralelo a como han cambiado sus necesidades. El paradigma está cambiando pero no sabemos todavía en qué y con qué intensidad. Y es precisamente por ello, porque las aguas están revueltas, por lo que esto que hoy entendemos por política necesita tiempo para adaptarse a estas nuevas circunstancias que todavía no han terminado de concretarse.

Ya en 2011, algunas campañas electorales comenzaron a tener como guía al ciudadano, más que a las ideologías, olvidándose de siglas y centrándose en las personas. Hemos pasado del debate ideológico de izquierda-derecha a otro, desconocido y dinámico, de ciudadanos-poder. Ya no es importante, y lo hemos visto en las elecciones municipales y autonómicas de 2015, lo que cada uno sea en la sociedad, sino el lugar que cada uno ocupa dentro de ella. El votante ya no decide por ideología, sino por la situación en la que está en la sociedad. Decide por intereses y necesidades personales más que por las doctrinas políticas con las que ha comulgado hasta ahora y que han diseñado el espectro político tradicional.

La política, la nueva política, necesita crear credibilidad. Una credibilidad ahora cuestionada por la corrupción, los abusos y la falta de transparencia en la gestión. Es necesario. Y solo es demostrable y constatable a través de las personas, a través de los candidatos, en los que se empieza a buscar lo absolutamente impoluto y la no dependencia para su subsistencia económica de la política. Se busca el candidato cercano, que haya vivido dificultades similares a las del los votantes, que empatize con ellos y que les aporte, además, soluciones a los problemas que padecen.

Pero el político tradicional está, ahora, paralizado, perdiendo un tiempo precioso de cara a encajar en la situación actual. Y el motivo de este bloqueo está en la incertidumbre, en el miedo, en la duda. Cuando esto sucede no se toman decisiones, ni se crean soluciones o respuestas a la situación. Se entra en un estado de shock que afecta a toda la organización sin que se determine un camino seguro a seguir.

Nuevos retos exigen nuevas soluciones, nuevas alternativas y nuevos conceptos. Atreverse a dar un paso adelante, distinto a lo hasta ahora vivido. Esperando respuestas y aprendiendo de las mismas. Y en esta toma de conciencia, el coaching permite abrir nuevas posibilidades, nuevas alternativas, que nacen del interior del político como persona. Alternativas ante esta nueva situación, abrir espacios, opciones y valorarlos.

Debemos enfrentarnos a nuestras creencias y valores, modificarlas y replantearlos para poder filtrar la realidad de manera distinta. Dar pasos valientes que sirvan para gestionar lo que los ciudadanos esperan, probando y errando hasta encontrar la mejor respuesta. Vencer el miedo a la incertidumbre, a los cambios que afectan a día de hoy y que abren nuevos horizontes.

       Son nuevos tiempos políticos que hay que asimilar, que analizar y dar respuesta. Ese es el reto de los políticos, de los partidos y de las instituciones. 

Alberto Astorga. 2015

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