lunes, 29 de junio de 2015

Las emociones en la política

En las elecciones generales que se celebraron en 2004 ya asistimos a un fenómeno que no era nuevo y que se mantiene en el tiempo con una importancia digna de tener en cuenta en la actividad política. Me refiero a las emociones. A las emociones en la política.

Alberto Astorga Coach Politico CoachingPor aquel entonces, una campaña racionalmente preparada y en marcha, se rompió bruscamente por la aparición en escena de la violencia, del drama individual y colectivo y del dolor. Las emociones que produjeron en la sociedad los atentados del metro de Madrid, supusieron, pocos días después, un vuelco electoral que no se esperaba. Las emociones vencieron a la racionalidad. Y vencieron con claridad.

De poco sirvió haber ofrecido a los electores logros económicos concretos y contrastables, crecimiento del empleo o conceptos macro o microeconómicos positivos. Las emociones fueron la clave.

Si alguna vez pudimos ser definidos como animales racionales, desde el punto de vista electoral podemos ir ya cambiando la definición por la de animales emocionales, porque, en definitiva, las elecciones ahora con más habitualidad se ganan apelando a las emociones, llegando al corazón de los votantes.

Esto, que ya de por sí es una pobre novedad que no hago más que constatar, sirve para darnos cuenta de que el juicio político, que debiera contener argumentos racionales e informados que, sin sentimentalismos, busquen el interés general, en la práctica no es más que la suma desordenada de prejuicios, inercias, experiencias pasadas, creencias heredadas e imágenes o fotografías mentales que vamos conformando, con o sin razones, de los políticos, de la política, de los partidos y de las instituciones. Un conjunto de circunstancias que son generadas subjetivamente por cada elector.

La actividad política, la política en sentido amplio, no está dominada ni lo ha estado nunca por la razón. El impulso político se activa fundamentalmente por la emoción. Ambas, razón y emoción, van de la mano, son inseparables para determinar y condicionar el sentido del voto.

Spinoza ya decía que el solo conocimiento no mueve a la acción humana, sino que se necesita el afecto y la pasión para ello. Nos movemos por pasiones, por emociones, por lo que sentimos en el corazón o en las entrañas. Por filias o por fobias, por amores o por odios.

Los sentimientos tienen indudablemente una gran capacidad de impacto en el espacio público que es la política y lo hace para atender y estar presente en el logro de objetivos comunes. Pero el uso de las emociones no debe nunca distorsionar la racionalidad política. Van de la mano, sí, pero las emociones deber servir para complementarla, matizarla o gestionarla de forma que con el resultado equilibrado se puedan obtener lo mejores resultados para la ciudadanía y para el interés general, sin generar conflictos. Abusar de las emociones supondría pasar de la política con emoción a la política de la emoción. Y no son lo mismo.

Ya en 2007, Jordi Sánchez escribía en la tribuna de El País que “es evidente que cuando la política es solo pasión y emoción, la probabilidad de que la tensión social aparezca y el invento de la convivencia democrática quede hecha añicos es muy elevada. Pero pretender, consciente o inconscientemente, que la política este despojada de pasión y emoción es poner las bases para un proceso de liquidación social de la política”.

Emocionarse y emocionar. Esa es la clave. Emocionar a los ciudadanos con propuestas alcanzables, realistas, con objetivos comunes, con desafíos presentes y futuros.

El político, la política, los partidos, las instituciones de gobierno, deben conectar con el ciudadano, con sus emociones. Deben ilusionar con sus propuestas a los votantes. Estos quieren soluciones a problemas concretos. Hoy más concretos que nunca. Pero también quieren proyectos de futuro en lo que se vean participes y protagonistas y no meros expectadores.

Conectar con esas emociones se inicia sabiendo escuchar. Ya se sabe oir, falta saber escuchar. Escuchar con todos los sentidos, siendo consciente de uno mismo y empatizando con el cuerpo de electores. El político actual debe conocer esas emociones para poder actuar en consecuencia y para ello, la comunicación debe ser una constante.


Alberto Astorga. 2015

domingo, 21 de junio de 2015

Cambios en la política de hoy

La crisis económica que se inició allá por 2008 y que todavía, aunque en menor medida, nos acompaña, trajo y trae consigo una compleja serie de modificaciones en el conjunto de la sociedad y, sobre todo, en el modo en cómo se percibe ahora, con estos cambios, a la política y a los políticos.

Sería exagerado decir que nada es como era. Efectivamente, no es del todo así, tan radical. En política se está produciendo, un cambio de paradigma que inevitablemente afecta y afectará a todos los actores implicados en ella y el éxito en la adaptación a las nuevas circunstancias será, sin duda, determinante para la subsistencia, o no, de parte de lo que hoy conocemos.

Alberto Astorga Coach Politico Coaching
Como decimos, la crisis y cómo se ha afrontado desde la política, tanto en su cuota de responsabilidad en su génesis como en las medidas que se han tomado para preverla, primero, mitigarla, después, y encauzarla ulteriormente han sido el detonante que ha puesto en marcha un cambio radical y a gran velocidad de lo que la sociedad siente frente a la política, los políticos, los partidos y las instituciones. Son cambios tan rápidos, que las estructuras políticas tradicionales no terminan de encontrar el adecuado y más acertado punto de encuentro.

De hecho, muchos políticos todavía se niegan a aceptar que los cambios que se perciben no sean meramente coyunturales y piensan que, tarde más o tarde menos, las aguas volverán a su cauce y la crispación, la crítica y el descontento, tomarán vías más razonables. Esto, sin embargo, supone, a mi modo de ver, vivir de espaldas a la realidad. Y si eso es así, todo cambio que se plantee no será más que una puntual adaptación en la que nada cambia de verdad y la situación, inevitablemente, se estanca.

Viendo cómo ha evolucionado el escenario político español tras las elecciones europeas primero y las municipales y autonómicas después,  se puede afirmar que los valores del votante  han cambiado significativamente y en paralelo a como han cambiado sus necesidades. El paradigma está cambiando pero no sabemos todavía en qué y con qué intensidad. Y es precisamente por ello, porque las aguas están revueltas, por lo que esto que hoy entendemos por política necesita tiempo para adaptarse a estas nuevas circunstancias que todavía no han terminado de concretarse.

Ya en 2011, algunas campañas electorales comenzaron a tener como guía al ciudadano, más que a las ideologías, olvidándose de siglas y centrándose en las personas. Hemos pasado del debate ideológico de izquierda-derecha a otro, desconocido y dinámico, de ciudadanos-poder. Ya no es importante, y lo hemos visto en las elecciones municipales y autonómicas de 2015, lo que cada uno sea en la sociedad, sino el lugar que cada uno ocupa dentro de ella. El votante ya no decide por ideología, sino por la situación en la que está en la sociedad. Decide por intereses y necesidades personales más que por las doctrinas políticas con las que ha comulgado hasta ahora y que han diseñado el espectro político tradicional.

La política, la nueva política, necesita crear credibilidad. Una credibilidad ahora cuestionada por la corrupción, los abusos y la falta de transparencia en la gestión. Es necesario. Y solo es demostrable y constatable a través de las personas, a través de los candidatos, en los que se empieza a buscar lo absolutamente impoluto y la no dependencia para su subsistencia económica de la política. Se busca el candidato cercano, que haya vivido dificultades similares a las del los votantes, que empatize con ellos y que les aporte, además, soluciones a los problemas que padecen.

Pero el político tradicional está, ahora, paralizado, perdiendo un tiempo precioso de cara a encajar en la situación actual. Y el motivo de este bloqueo está en la incertidumbre, en el miedo, en la duda. Cuando esto sucede no se toman decisiones, ni se crean soluciones o respuestas a la situación. Se entra en un estado de shock que afecta a toda la organización sin que se determine un camino seguro a seguir.

Nuevos retos exigen nuevas soluciones, nuevas alternativas y nuevos conceptos. Atreverse a dar un paso adelante, distinto a lo hasta ahora vivido. Esperando respuestas y aprendiendo de las mismas. Y en esta toma de conciencia, el coaching permite abrir nuevas posibilidades, nuevas alternativas, que nacen del interior del político como persona. Alternativas ante esta nueva situación, abrir espacios, opciones y valorarlos.

Debemos enfrentarnos a nuestras creencias y valores, modificarlas y replantearlos para poder filtrar la realidad de manera distinta. Dar pasos valientes que sirvan para gestionar lo que los ciudadanos esperan, probando y errando hasta encontrar la mejor respuesta. Vencer el miedo a la incertidumbre, a los cambios que afectan a día de hoy y que abren nuevos horizontes.

       Son nuevos tiempos políticos que hay que asimilar, que analizar y dar respuesta. Ese es el reto de los políticos, de los partidos y de las instituciones. 

Alberto Astorga. 2015

jueves, 11 de junio de 2015

Coaching para marchar de la política y llegar a ella.

Inherente a la celebración de elecciones llega, en tiempo tasado, el momento del relevo en las corporaciones y parlamentos y, consecuentemente, en los gobiernos municipales y autonómicos. Para las personas implicadas, tanto para las que se van, como para las que llegan, supone un momento crítico, un momento de cambio y, por tanto, de adaptación y ubicación a una nueva situación. Cada circunstancia tiene sus características y cada persona es distinta a la hora de situarse ante ellas.

Para los que se van, se cierra una etapa y se produce una sensación de pérdida. Afrontar esta situación no es sencillo pues se entrecruzan las responsabilidades que han de cumplir como políticos con las sensaciones como persona. Hay quienes desconectan desde antes de iniciarse la campaña electoral y relajan su actividad diaria hasta la nada. Otros, por el contrario, cumplen fielmente sus agendas y actividades cual si negarán la realidad que se acerca.
Alberto Astorga Coach Politico Coaching
En estos momentos, es cuando ha de saberse cerrar ciclos, pues ha habido y hay personas implicadas en los quehaceres diarios, con los que se ha tenido un contacto y una vinculación determinada durante los últimos años. No son solo los compañeros de grupo parlamentario, de partido, o de gobierno, sino todos aquellos colaboradores, ciudadanos en general o colectivos con los que ha habido una relación determinada.

Es conveniente, entiendo, agradecer a los colaboradores su dedicación y trabajo, así como todo aquello que te han aportado. Incluso aquellos con los que las relaciones no han sido las mejores, han enriquecido tu experiencia, conocimiento y te han hecho crecer como persona. También es conveniente pedir disculpas por aquellas decisiones o circunstancias que, seas consciente o no, han causado daño o perjuicio a otras personas. Así reconoces el derecho a los sentimientos individuales de los demás y les das valor. En lo político, colabora en el relevo haciendo que la persona que asume tus responsabilidades inicie su labor de la mejor manera posible.

Analiza, en un examen interior, si has cumplido tus expectativas, lo que has hecho, lo que has logrado y aprendido y en lo que te has equivocado. Valora como te ha enriquecido todo ello y, perdónate también, tienes derecho a ello, por decisiones que luego se vieron equivocadas. Y prepárate para el cambio. Echarás en falta la adrenalina de la tensión diaria, la agenda cargada, el ser referente para muchos y el sonar continuo del móvil.

Los que llegan, por su parte, lo hacen con ilusión. Con numerosas expectativas pero sin conocer en detalle donde se meten, las dinámicas concretas de su hacer diario, de los momentos de tensión y de angustia que llevarán a sus casas y que tendrán que afrontar solos. Nunca reconocerán lo grande que les parecerá un asunto concreto o lo minúsculo que se sentirán ante ciertas cuestiones. Comenzarán a sentir la soledad de la que ya hablamos en otro artículo. Esa soledad que hace mella, que encanece.

Unos consejos para los que llegan. Piensa en para qué estás ahí. Qué quieres hacer y cómo quieres marchar. Son tres preguntas importantes que requieren respuestas claras. Busca momentos, cuando la dinámica diaria te deje, para marcarte metas y objetivos. Escríbelos y ponlos en un lugar visible de tu despacho. Cuando llegues al nuevo lugar donde vas a trabajar, saluda. Vete despacho por despacho saludando y presentándote a quienes están ahí para ayudarte en tu labor diaria y a conseguir las metas que te has marcado. Cuídalas desde el principio. No pienses que son tu enemigo, pues si entras con recelo generaras desconfianza.

La política, no de ahora sino de siempre, es una actividad compleja. Te encontrarás con aquellos para los que eres formidable, en contraste con las críticas despiadadas no solo a tu gestión, sino a tu persona y entorno. Piensa siempre que no eres tú el objeto de las mismas, sino el papel que desempeñas en ese momento. Intenta ser frio y, de vez en cuando, aléjate, relájate y tranquilízate. La política es una carrera de fondo y necesitarás todo la energía. Baja la intensidad y mejora en eficacia. Recuerda siempre que el mundo sabría seguir sin ti.

Alberto Astorga. 2015



miércoles, 3 de junio de 2015

Negociación política y valores

El resultado electoral que nos han deparado las urnas tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo, ha abierto un escenario que genera una gran expectación en una gran parte de la ciudadanía, en los medios de comunicación y en tertulianos y comunicadores siempre atentos. No ya por considerarlo novedoso, que no lo es en absoluto, sino por los participantes que toman parte y son protagonistas en los procesos de negociación que se han iniciado.

Alberto Astorga Coach Politico Coaching
De todos es conocido que se ha producido una mayor segmentación en el voto y que esa pluralidad ha propiciado la aparición de partidos emergentes que suponen, estos si, y sus líderes, una novedad en la escena política. Y la expectación, entiendo, está en ver cómo se comportarán,tanto estos recién llegados como los ya instalados, a la hora de unir, o no, sus escaños para constituir gobiernos o dejar gobernar a fuerzas mayoritarias.

Y es aquí donde quiero aportar unas reflexiones, pues de estas negociaciones, de este complejo momento, debiéramos todos, tanto ciudadanos, votantes o no, como partidos, sacar conclusiones de futuro, pues marcarán la imagen que tenemos, tanto de lo políticamente conocido, como de lo hasta ahora desconocido, aunque quizás, solo quizás, intuyamos más de lo que sepamos.

Algunos partidos están planteando acuerdos no para construir o hacer posible algunos aspectos de sus respectivos programas electorales, sino para relegar o desalojar a otros del gobierno o de poder gobernar, pese a que quizás éstos cuenten con una minoría más numerosa que aquellos. Algunos plantean la negociación para ir en contra de los otros, contra algo. No a favor de algo ni de alguien. Y eso, a mi modo de ver, deja mucho que desear y permite calificar a los que así actúan o a los que así entienden la política.

Una negociación política, y más en los tiempos que corren, debe ser realizada en un marco de valores y de ética, en la que los partidos planteen propuestas de alianza o colaboración conforme a lo que en sus programas electorales han manifestado e intentar llegar a puntos de encuentro con otros partidos, junto a los que puedan llevarlos a cabo.

Negociar desde los valores de cada una de las fuerzas en liza, valores que están reflejados en sus estatutos y que han sido los que han atraído votantes a su proyecto, provoca un ambiente de respeto, confianza y responsabilidad en la política, que aporta y da seriedad a los acuerdos que se tomen.

Una verdadera negociación, como la que se exige en estos momentos, no debiera ser un simple y vergonzoso intercambio de cargos o de cuotas de poder. Ni siquiera una estrategia de personalismos en los que estén en juego los estatus personales de los líderes en sus respectivos partidos.Tampoco, mucho menos, poner líneas rojas a nadie, ni relegar, aislar o apartar a quienes, querámoslo o no, nos guste más o menos, tiene algo que decir.

En una política que se abre cada vez más y a la que se le exige mucho más que antes, deben desarrollarse negociaciones con una mayor transparencia. Una negociación realizada bajo un contexto ético y de valores facilita el desenvolvimiento de unos partidos con otros mecanismos y otras formas en esa nueva política que se plantea. Y no solo en el desempeño político, sino también en credibilidad y sostenimiento a través del tiempo, lo que lograría la consolidación que todos pretenden.

No se entendería que se repitieran prácticas dañinas que aislaran a los representantes de una parte importante de la sociedad, pues se gobernaría, desgraciadamente, contra alguien y no para resolver las necesidades de todos. Y ese no entender aumentaría el desapego y desafectación hacía la política y sus representantes.

Negociar desde los valores evita los riesgos de inestabilidad e incertidumbre abiertas tras los procesos electorales. No se trata de un reto que deban asumir nuestros representantes políticos, sino de una obligada actitud ante el ciudadano. Debemos saber por qué y para qué, pues responder a estas preguntas dará coherencia  y fiabilidad a los gobiernos que se constituyan. Y no será poco.

Alberto Astorga. 2015


La soledad del político

Somos seres sociales que vivimos en comunidades organizadas. La política nos sirve para arbitrar mecanismos de convivencia entre las personas, marcar pautas de comportamiento orientadas a la resolución de intereses encontrados.

Dedicarse, pues, a la política debe ser, o debiera ser, un ejercicio de relación con las partes, con la ciudadanía, de dialogar y debatir con unos y otros para encontrar elementos en común, puntos de encuentro que garanticen una convivencia satisfactoria para la colectividad.

Visto así, intuimos que la vida del político, como persona que se dedica a la política, es ajetreada en actividad y rica en relaciones y popularidad. Más aun cuando, detrás de cada candidato, alcalde, concejal, diputado, senador, ministro, consejero, director general, presidente o secretario general del partido, existe un equipo numeroso de profesionales que se encarga de los discursos, el protocolo, la prensa, las llamadas, la seguridad y un sinfín de cuestiones que ayudan al político en su actividad y en su carrera.

Sin embargo, el político, aun inmerso en su personal vorágine de actividad y frenético trabajo, siente, padece y confiesa una angustiosa soledad.

Efectivamente, hay dos situaciones distintas en su vida. La vida pública, dinámica, de relaciones, de toma de decisiones de toda clase, de conversaciones, transcendentes unas y distendidas e informales otras, y  aquella otra vida en la que, en los momentos de intimidad y confianza, sin público ni colaboradores, sin prensa ni fotógrafos, sin testigos que puedan escucharlo, reconoce y expresa abiertamente, con prudencia y casi temor, la palabra, y el sentimiento que la acompaña, de soledad.

Y este sentimiento íntimo de soledad se observa en varios aspectos de su diario.

Siente soledad ante su propio equipo. Reflexionar, manifestar dudas, sentimientos, incluso temores o miedo al resto de compañeros, puede verse como signos de debilidad que cuestionarían su estatus y su liderazgo en el equipo.

La obvia soledad ante el adversario o rival político, pues cualquier expresión de duda, posibilidad de otras opciones, o simplemente el uso de una determinada frase hecha o forma de hablar puede ser usada, en el transcurso del debate, como arma ofensiva.

Soledad ante los ciudadanos, que constantemente exigen y presionan, ante y para los que hay que decidir, sin poder satisfacer a todos, dentro de las posibilidades que la ley admite y el presupuesto permite.

La paradójica soledad ante la familia, a quienes no se quiere cargar con más penalidades que las estrictamente derivadas de no disfrutar del tiempo juntos, no participar en el diario doméstico o simplemente no poder compartir muchos fines de semana.

Existe una soledad genérica que es la que se siente a la hora de la toma de decisiones. Toma de decisiones que supone una fuerte presión tanto íntima y emocional como externa o pública y en todos los ámbitos, de partido, de gestión institucional, de toma de posicionamiento, está presente.

La soledad, esta soledad no elegida, sino imprevista por las circunstancias especiales de la persona-política, genera un estrés adicional que dificulta la acción y el desarrollo de la persona. Contar con alguien con quien hablar, alguien con quien compartir inquietudes, sueños, deseos, problemas. Alguien que sepa escuchar y no solo oír, un coach, un consejero personal o simplemente un orientador, ayuda a superar y a cambiar este sentimiento tan íntimo.

Existe la generalizada creencia de que quien está arriba está solo simplemente por estar arriba, pretendiendo minimizar y trivializar este dañino sentimiento.

Pero cambiar no es más que iniciar el proceso de cambio. Para ello está el coach político, alguien que desde la total neutralidad política y desde la confidencialidad más absoluta, acompaña y escucha, facilitando a la persona política el desarrollo personal y la consecución de sus metas. 

Alberto Astorga - 2015

¿Por qué coach político? ¿Para qué ahora?

Me llamo Alberto Astorga y, además de economista y funcionario, participo en política desde hace treinta y cinco años. Primero en mi condición de estudiante, luego como sindicalista y, ya hace más de 20 años, como miembro de la estructura política de mi partido, donde he ocupado puestos relacionados con la organización y la acción electoral. He tenido también cargos públicos tanto en la Administración del Estado, como de representación en el Parlamento Autonómico y en el Ayuntamiento de mi ciudad.

Alberto Astorga Coach Politico CoachingLlegué a la política porque deseaba y deseo cambiar la sociedad en la que vivo. Quería y quiero ayudar a mejorar la vida de las personas, de los ciudadanos, de sus pueblos y ciudades, de su bienestar y su desarrollo económico y social, aportando mis ideas y mi trabajo, en la seguridad de que puedo aportar mi esfuerzo en beneficio de todos.

Hace poco tiempo, en estas etapas en las que algo sucede y buscas el sentido de todo, me planteé preguntas. Preguntarme me llevó al mundo de la motivación, del liderazgo, de apoyar y acompañar a personas a encontrarse a sí mismas y a alcanzar sus objetivos y metas. Comencé a apasionarme por el mundo del coaching, como un modo más de cambiar y mejorar mi mundo, cambiar y mejorar mi sociedad.

Me formé como coach y ahora uno mi pasión por la política, con la pasión de ayudar a los políticos a cambiar su mundo, a visibilizar y a humanizar la política.

Ahora soy coach profesional especializado en política. Y desde esta nueva perspectiva y condición, tengo la vocación de ayudarte a sacar lo mejor de ti para el logro de tus objetivos. Hago mías tus metas, vamos juntos a recorrer el camino hasta ellas. Descubrirás otra visión. Otra visión más humana y más real de la política.


Porque juntos vamos a acercar la política al ciudadano. Vamos a regenerar la política con nuevos líderes, a construir personas que quieran servir y ayudar a los demás. Te acompañaré a ser el líder que la nueva sociedad demanda.

Alberto Astorga - 2015