martes, 2 de mayo de 2017

Características de los equipos de alto rendimiento

Una organización de cualquier tipo, empresarial, social, política o sindical, se sustenta en la actividad de uno o varios equipos de trabajo. Tanto de las habilidades individuales de sus componentes como de las capacidades que se integran y potencian en el grupo,dependerán las posibilidades de toda la organización para alcanzar sus objetivos con la mayor eficiencia posible. El establecimiento de una alianza básica que defina y establezca las relaciones entre sus integrantes será la base para constituir un equipo de trabajo eficaz, un equipo de alto rendimiento.

Un equipo de alto rendimiento no es más que un conjunto de personas con habilidades y capacidades diferentes que trabajan juntas y coordinadas para lograr un objetivo común, logrando mejorar sus resultados de forma continua. Para toda organización que desee mejorar sus resultados, crear, entender y cuidar estos equipos supone una decisión estratégica.

Cuando nos referimos a “equipos de alto rendimiento” queremos visualizar algo perfecto, sincronizado, constituido por los mejores, con estrategias detalladas y en el que todo el mundo sabe qué, cuándo y dónde es lo que tiene que hacer. No es del todo así. Un equipo de alto rendimiento no es una maquina perfecta, pero si es un equipo humano que desea alcanzarla, que potencia los valores individuales, que los alinea con los de la organización para la que trabaja, que se compromete con los demás para alcanzar una meta común y que trabaja, no ya con eficacia, sino con eficiencia en su logro.
 
Todos estos equipos ideales tienen algo en común que les hace alcanzar resultados de éxito. La organización que logre integrar todas esas características comunes estará en disposición de mejorar sus resultados y crear equipos que construyan una empresa cada vez más exitosa.
 
 
 

¿Qué hacer si te insultan?

En el debate político se contrastan las opiniones y se fijan las posturas que defiende cada grupo político o cada persona. Luego, la aritmética parlamentaria resuelve. Pero todo debate democrático y transparente requiere argumentos, que son la justificación, la razón y la emoción que sustentan una determinada opinión. 

El argumento político se fundamenta en el uso del silogismo que no es más que una serie de proposiciones congruentes de las que se deriva una conclusión y, en consecuencia, una decisión. Sin embargo, algo que parece tan sencillo, se ve salpicado habitualmente por el uso que hacen los interlocutores de aparentes argumentaciones con el fin de justificar su opinión. Estos argumentos no aportan razonamiento ni conclusión y pueden utilizarse por pura ignorancia, engaño, falta de capacidad, maldad o pobreza intelectual. Son las falacias argumentativas

El argumento sirve para sostener una conclusión, pero si está mal formulado o contiene falacias, su finalidad no se alcanza de forma plena. La falacia es un engaño y todo argumento que se deriva del engaño se convierte en sofisma, en un argumento engañoso. El debate político cae, en más ocasiones de las aceptables, en el uso y abuso de las falacias argumentativas, lo que lo empobrece y muchas veces lleva a la decepción y a la frustración por parte de los ciudadanos. Este uso se recrudece exponencialmente en épocas de campaña electoral o en el ardor por la defensa en posiciones abiertamente encontradas.




 

martes, 27 de diciembre de 2016

¿Qué ideología política tienes?

Tradicionalmente, cuando se habla de ideología política se nos viene de forma inevitable la división del universo político en dos partes muy distintas y antitéticas: derecha e izquierda. Estas nociones tan básicas -ser de derechas o ser de izquierdas-, conllevan implícitamente una oposición entre ambas situaciones.

El origen de esta clasificación ideológica surge en la Asamblea Nacional francesa constituida en junio de 1789 y derivada de la ubicación geográfica elegida para situar a los distintos delegados allí presentes. A la derecha del presidente de la Asamblea se agruparon los representantes de la aristocracia y del clero por ser esta una ubicación considerada habitualmente como lugar de honor. En la posición contraria tomaron asiento quienes se oponían al poder real y al consiguiente veto que este pudiera oponer a las resoluciones tomadas. Eran, en su mayoría pertenecientes al llamado Tercer Estado.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Cambiamos nuestro formato

Despues de algunos meses estudiando cómo mejorar la web y poder aportar información útil a nuestros lectores, os presentamos nuestra web, totalmente reestructurada, WWW.VISIONCOACH.ES

A partir de ahora, disponéis de contenido en www.albertoastorga.es que funcionará como blog. En él irán tanto los artículos que se vayan editando en la web como comentarios más ligeros y, por lo tanto más habituales. Esto dará mas dinamismos al blog.

Por su parte la web profesional, www.visioncoach.es quiere aportar contenidos más maduros, destinados sobre todo a quienes tengan interés por conocer elementos de mejora en su actividad personal, profesional o política, sea en partidos, sindicatos y organizaciones.

Desde la página web www.visioncoach.es os esperamos. Nuestro blog, VISIONBLOG, contendrá información periódica donde se traten temas de crecimiento personal, empresarial o mejora de la actividad política. Queremos acercarnos a vosotros y ofreceros contenido de calidad.

Muchar gracias por leerme.

Estamos ya con vosotros.

jueves, 20 de octubre de 2016

Abstención o elecciones


Después de creer que las elecciones generales del pasado 26J habían clarificado la situación, resulta que no ha sido así. O sí, porque toda lectura es posible.

Si el 20D reflejó que la sociedad española está polarizada, el 26J lo confirmó. Desde entonces asistimos a una guerra de trincheras en la que, con disparos ocasionales, cada uno espera el agotamiento del adversario.

El PP aguanta, que para eso ha ganado. Aguanta fortalecido por los resultados del 26J respecto al 20D y también por las previsiones de resultados que para una previsibles elecciones vaticinan las encuestas. Aguanta el liderazgo de Mariano Rajoy frente a aquellos que personalizan en él los conocidos casos de corrupción existente. Aguanta porque otras posibilidades de gobierno son disparatadas. Y aguanta porque, además, está convencido de que tales posibilidades alentarían una sociedad que a sus votantes les horroriza. El PP cuenta con la posición más cómoda. Posición que le han dado las urnas.

Aguanta en su trinchera Albert Rivera, apoyando a unos o a otros cuando hay ocasión, pero sin decantarse claramente por nadie. Y digo y personalizo en Albert Rivera, solo él, porque ni el mismo sabe con qué cuenta en sus filas. El obligado reclutamiento masivo por la geografía nacional de unos y otros y de estos y aquellos, sin trazabilidad alguna, no garantiza un producto homogéneo, sino que el resultado puede ser inesperado. Y lo será. Den tiempo. Su posición es cómoda pero inestable.

Unidos Podemos está en fase de recuperación. Fue tan fuerte la caída que los hematomas tardan en curar. Su único botín ha sido cargarse a Izquierda Unida, pero a un alto precio. La transversalidad que les aupó a unos resultados muy buenos el 20D, se ha visto superada por su comunión con la izquierda radical y el comunismo, posiciones que siempre han obtenido ramplones resultados electorales.

Y el PSOE, ¡Ay Carmela!, haga lo que haga, decida lo que decida, lo hará mal. Y de lo que haga dependerá el futuro de la socialdemocracia en España. Y solo ellos se han metido en este callejón en el que no se puede virar para corregir el rumbo sin dejar pelos en la gatera. Solo de ellos depende también si hay gobierno de Mariano Rajoy o de si, por el contrario, hay terceras elecciones. No hay más opciones. Y ni una cosa ni la otra le va bien al PSOE.

Las escenas del 1 de octubre en Feraz fueron demoledoras. Sin candidato, con el aparato territorial dividido y sin decisión clara, su posición es muy débil para afrontar unas nuevas elecciones. Ahora bien, ¿qué es peor? ¿Abstenerse y facilitar la investidura de Rajoy o mantener firmes los criterios y acudir a nuevas elecciones más débil que nunca?

La recuperación del PSOE no la pongo en duda. Su fortaleza es su marca, su historia. Es una referencia inevitable. Eso no se lo quita nadie, porque nadie, aunque saque mejores resultados se lo puede quitar. Pero ¿hará bien en abstenerse ahora? Si es una decisión para ganar tiempo, reorganizar y volver a unir –o coser- al partido, no estaría mal. Pero ¿tendrán tiempo? Porque si solo se abstienen y no apoyan, aunque sea puntualmente al gobierno, estaremos abocados necesariamente a nuevas elecciones donde el PSOE, sin tiempo de recuperación, podría incluso romperse.

Y eso ya sería otra historia que, personalmente, no me gustaría contar.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Responsabilidad de nadie


Han pasado los meses de julio y agosto. Sea por los calores o por el aburrimiento acumulado, seguimos todavía, desde hace meses y meses, presenciando el espectáculo que brindan nuestros políticos. Desde las segundas elecciones generales que se celebraron el 26 de junio, tiempo ha habido para que cada cual asuma sus responsabilidades y se pongan de acuerdo en quién formará gobierno. Y no parece poco.

Tras meses mareando la perdiz, lo único que se les pudo ocurrir tras el 20-D fue volver a convocar elecciones para que los ciudadanos repensáramos qué hicimos mal para haber elegido a semejantes representantes. Primer “yo no he sido”. Paradójicamente, como los partidos no hicieron satisfactoriamente su trabajo, fuimos los ciudadanos de a pié, que no sabemos elegir bien, quienes debimos repetir el examen.

Y lo repetimos. Con pocas ganas y mucho voto por correo para ganar en comodidad. Y el resultado, obviamente, fue similar. ¿Cómo no iba a serlo, si se presentaban las mismas candidaturas, las mismas personas, en todas y cada una de las circunscripciones electorales, con los mismos programas, con los mismos discursos y con los mismos líderes? Y de aquellos polvos vienen estos lodos porque, tras la fallida investidura de Mariano Rajoy, el país sigue, ellos siguen y nosotros seguimos tal como estábamos en diciembre pasado.

¿Quién tiene la culpa? Ese es ahora el tema. Ninguno. Segundo “yo no he sido”. Eso es lo que nos dicen, pero podemos constatar que no todos los actores cumplen con el papel esperado, que hay distorsiones extrañas. Que PP y C’s pacten parece normal. Casi tan o más normal a que lo hagan C’s y PSOE. Ya no lo parece tanto que alguno de estos lo alcance con el revival comunista remasterizado creado por el desencanto. Lo que se hace raro es que sea el PSOE el que cierre puertas a cualquier diálogo parapetándose en el no por el no, sin otro argumento mejor.

Pero más extraño parece que empecinadamente Pedro Sánchez pretenda alcanzar alternativas imposibles entre aquellos cuyas fuerzas y credibilidad van menguando de elección en elección. Si un candidato que alcanza 170 apoyos es inviable, ya me dirán que futuro le espera al que parta con 85 y tenga que aunar un puzzle ideológico de imposible encaje. Es una evidencia que la persistencia en la que se ha encastillado Pedro Sánchez, y con él el PSOE, es incompatible con evitar unas terceras elecciones.

Si, por otra parte, la responsabilidad última de la situación actual fueran los intereses electorales en Galicia o en Euskadi deberíamos cuestionar a aquellos partidos que ponen por delante del interés general de los ciudadanos y del Estado, los intereses de sus propios partidos en la gobernabilidad de algunas comunidades autónomas. 

¿Recuerdan la canción infantil? Una señora iba de paseo rompiendo los faroles con su sombrero. Ella no era la culpable, ni era su sombrero, ni siquiera su plumita. Al final fue su piojito. Esto es, el piojito es el vil elector, las pocas luces de los electores que no saben elegir. Y por eso volvemos a votar. A ver si aprendemos a hacer las cosas bien.

Y yo me pregunto, ¿cambiarán ahora las listas, los programas o los líderes? ¿Nos aportarán algo nuevo que haga reconsiderar el voto?

Si al final se alcanza un acuerdo se olvidarán otras circunstancias, porque tendremos objetivos y metas nuevas. La insistencia, la perseverancia, el interés general, el convencimiento de que España no se merece lo que está sucediendo harán olvidar el charco donde llevamos estancados demasiado tiempo. Lo hecho ahora por unos y por otros será valorado de forma más severa en las próximas elecciones.

martes, 12 de julio de 2016

Los ciudadanos, estúpidos


Que nadie se rasgue las vestiduras ni empiece a blandir pluma pretendiendo leer ofensas, porque no trato de insultar a nadie y, si alguien se sintiera ofendido, vayan ya por delante mis sinceras disculpas.

Es ya conocido que durante la campaña de Bill Clinton en 1992, su estratega electoral, James Carville, pegó un cartel en la oficina de campaña para que todos los colaboradores tuvieran presente cuáles eran los ejes de la campaña diseñada frente a George Bush: “cambio frente a más de lo mismo”; “la economía, estúpido” y “no olvidar el sistema de salud”. Ese chocante “La economía, estúpido”, se convirtió en un lema no oficial en una exitosacampaña que llevaría a Bill Clinton a la presidencia norteamericana y posteriormente se popularizaría utilizándose para todo aquello que se quiere resaltar.

Hoy, ahora, lo más importante en la política española, y por extensión a toda política en cualquier lugar, somos los ciudadanos, nuestras circunstancias personales, nuestras expectativas y planes de futuro y nuestro bienestar. Porque, ahora, además, ha de preverse el futuro y marcar el camino a seguir. Todo está en juego. Nunca mejor dicho, en juego. Porque justo a nuestro lado, en nuestro entorno, estamos padeciendo o podemos empezar a padecer en cualquier momento, los resultados de un juego de chiquillos que a nada conduce de lo que verdaderamente nos importa.

Las urnas han hablado. Lo han hecho por segunda vez en seis meses, que ya está bien. Como era de prever, no han cambiado mucho su criterio; pero si han confirmado posturas, penalizado conductas, cambiado equilibrios, apagado euforias, aliviado temores y puestos a cada uno en su papel. Unos a ser gobierno y otros a ser oposición. Quien no quiera verlo debe hacérselo mirar.

Y tras la resaca, el primer aturdimiento y la vuelta a la realidad, los protagonistas de la actualidad política siguen empecinados en las mismas posiciones que nos llevaron a ese absurdo de tener que repetir las elecciones. Siguen igual. Pecando de bocazas.

En política es importante dejar puertas abiertas que permitan negociar. Es importante no hacer propuestas descabelladas que intenten obligar al adversario a actuar de cierta manera. ¿Por qué? Porque si no lo consigues y no cambia, tú debes cambiar la posición, quedando en ridículo tú y tus maximalismos iniciales. Cuando alguien hace una huelga de hambre es para conseguir el objetivo o morir. Porque el hambre es dura y, sino se consigue y se vuelve a comer, se fracasa y se pierde credibilidad. Cuando uno se encierra en una institución o edificio público reclamando algo, ha de saber cómo salir. Porque si no se consigue el objetivo tienes que salir por la puerta de atrás para que no te vean. Siempre hay que dejar una salida digna disponible. Para uno y para el adversario. En política, los bocazas no caben.

El “no” a Rajoy era y es excesivo. Las urnas lo han demostrado. Lo era antes y lo es ahora. Porque si no consigues su marcha  debes ir hasta el final en tu posición y con todas las consecuencias. Mariano Rajoy y el Partido Popular se han visto fortalecidos frente a ese “no”. Es el único que ha mejorado resultados en las últimas elecciones, mientras que los demás han perdido votos y credibilidad. Persistir en el veto, en el “no es no”, es un grave error.

Los ciudadanos, estúpidos. Estamos hartos ya de tango juego, de tanto maximalismo y de no tener gobierno desde hace más de siete meses. Está en juego la economía del país y, consecuentemente, la inversión, la reforma de las pensiones para que podamos disfrutarlas en el futuro, hacer reformas en el campo laboral que garanticen la creación de empleo de calidad, la mejora de los salarios, hacer proyectos personales de futuro, arreglar el sistema de pensiones para que alguna vez las podamos disfrutar y no solo cotizar. Está en juego el presupuesto y el techo de gastos que Europa exige y muchas otras cuestiones también urgentes.

Los temas importantes están pendientes de que se puedan discutir, debatir, acordar y legislar sobre ellos. Y, sin embargo, estamos todavía vetando a personas y equipos con el solo propósito de quedar encima, de ser el último perro que mea en el árbol. ¿A qué estamos jugando? ¿A qué nos quieren hacer jugar? ¿Qué demonios están haciendo? ¿Para qué?

Y todavía Pablo Iglesias se pregunta por qué Unidos Podemos no mejoró sus resultados. Somos los ciudadanos, estúpido, los que no queremos continuar con un juego que no lleva a nada. Nos preocupa lo cotidiano, lo que más cerca tenemos. Y a eso, estúpido, no le prestáis atención. Pedro Sánchez está encandilado con los cantos de sirena de un Pablo Iglesias que sabe de política lo que ha leído y estudiado. Albert Rivera juega a chico interesante de discoteca que se considera el ombligo de su mundo.

Ya está bien. Preocúpense de los ciudadanos, de lo que de verdad importa. Somos lo que ahora interesa. Y reitero que no os considero estúpidos a ninguno.