martes, 12 de julio de 2016

Los ciudadanos, estúpidos


Que nadie se rasgue las vestiduras ni empiece a blandir pluma pretendiendo leer ofensas, porque no trato de insultar a nadie y, si alguien se sintiera ofendido, vayan ya por delante mis sinceras disculpas.

Es ya conocido que durante la campaña de Bill Clinton en 1992, su estratega electoral, James Carville, pegó un cartel en la oficina de campaña para que todos los colaboradores tuvieran presente cuáles eran los ejes de la campaña diseñada frente a George Bush: “cambio frente a más de lo mismo”; “la economía, estúpido” y “no olvidar el sistema de salud”. Ese chocante “La economía, estúpido”, se convirtió en un lema no oficial en una exitosacampaña que llevaría a Bill Clinton a la presidencia norteamericana y posteriormente se popularizaría utilizándose para todo aquello que se quiere resaltar.

Hoy, ahora, lo más importante en la política española, y por extensión a toda política en cualquier lugar, somos los ciudadanos, nuestras circunstancias personales, nuestras expectativas y planes de futuro y nuestro bienestar. Porque, ahora, además, ha de preverse el futuro y marcar el camino a seguir. Todo está en juego. Nunca mejor dicho, en juego. Porque justo a nuestro lado, en nuestro entorno, estamos padeciendo o podemos empezar a padecer en cualquier momento, los resultados de un juego de chiquillos que a nada conduce de lo que verdaderamente nos importa.

Las urnas han hablado. Lo han hecho por segunda vez en seis meses, que ya está bien. Como era de prever, no han cambiado mucho su criterio; pero si han confirmado posturas, penalizado conductas, cambiado equilibrios, apagado euforias, aliviado temores y puestos a cada uno en su papel. Unos a ser gobierno y otros a ser oposición. Quien no quiera verlo debe hacérselo mirar.

Y tras la resaca, el primer aturdimiento y la vuelta a la realidad, los protagonistas de la actualidad política siguen empecinados en las mismas posiciones que nos llevaron a ese absurdo de tener que repetir las elecciones. Siguen igual. Pecando de bocazas.

En política es importante dejar puertas abiertas que permitan negociar. Es importante no hacer propuestas descabelladas que intenten obligar al adversario a actuar de cierta manera. ¿Por qué? Porque si no lo consigues y no cambia, tú debes cambiar la posición, quedando en ridículo tú y tus maximalismos iniciales. Cuando alguien hace una huelga de hambre es para conseguir el objetivo o morir. Porque el hambre es dura y, sino se consigue y se vuelve a comer, se fracasa y se pierde credibilidad. Cuando uno se encierra en una institución o edificio público reclamando algo, ha de saber cómo salir. Porque si no se consigue el objetivo tienes que salir por la puerta de atrás para que no te vean. Siempre hay que dejar una salida digna disponible. Para uno y para el adversario. En política, los bocazas no caben.

El “no” a Rajoy era y es excesivo. Las urnas lo han demostrado. Lo era antes y lo es ahora. Porque si no consigues su marcha  debes ir hasta el final en tu posición y con todas las consecuencias. Mariano Rajoy y el Partido Popular se han visto fortalecidos frente a ese “no”. Es el único que ha mejorado resultados en las últimas elecciones, mientras que los demás han perdido votos y credibilidad. Persistir en el veto, en el “no es no”, es un grave error.

Los ciudadanos, estúpidos. Estamos hartos ya de tango juego, de tanto maximalismo y de no tener gobierno desde hace más de siete meses. Está en juego la economía del país y, consecuentemente, la inversión, la reforma de las pensiones para que podamos disfrutarlas en el futuro, hacer reformas en el campo laboral que garanticen la creación de empleo de calidad, la mejora de los salarios, hacer proyectos personales de futuro, arreglar el sistema de pensiones para que alguna vez las podamos disfrutar y no solo cotizar. Está en juego el presupuesto y el techo de gastos que Europa exige y muchas otras cuestiones también urgentes.

Los temas importantes están pendientes de que se puedan discutir, debatir, acordar y legislar sobre ellos. Y, sin embargo, estamos todavía vetando a personas y equipos con el solo propósito de quedar encima, de ser el último perro que mea en el árbol. ¿A qué estamos jugando? ¿A qué nos quieren hacer jugar? ¿Qué demonios están haciendo? ¿Para qué?

Y todavía Pablo Iglesias se pregunta por qué Unidos Podemos no mejoró sus resultados. Somos los ciudadanos, estúpido, los que no queremos continuar con un juego que no lleva a nada. Nos preocupa lo cotidiano, lo que más cerca tenemos. Y a eso, estúpido, no le prestáis atención. Pedro Sánchez está encandilado con los cantos de sirena de un Pablo Iglesias que sabe de política lo que ha leído y estudiado. Albert Rivera juega a chico interesante de discoteca que se considera el ombligo de su mundo.

Ya está bien. Preocúpense de los ciudadanos, de lo que de verdad importa. Somos lo que ahora interesa. Y reitero que no os considero estúpidos a ninguno.

lunes, 11 de julio de 2016

Comunicación tardía en el franquismo: "El espíritu del 12 de febrero"

http://beerderberg.es
El número 10 del Magazine de Comunicación Política "Beerderberg", publica un artículo titulado COMUNICACIÓN TARDÍA EN EL FRANQUISMO: "EL ESPÍRITU DEL 12 DE FEBRERO", sobre la comunicación política en el franquismo, del que soy autor.
Se trata del inicio del llamado "espíritu del 12 de febrero" que el entonces Presidente del Consejo de Ministros, Carlos Arias Navarro, intentó llevar a cabo en un régimen político en plena agonía.
Como siempre es bueno recordar la historia, espero sea de vuestro agrado.

lunes, 27 de junio de 2016

26J: Todos no ganan


A primeras horas de la mañana del día siguiente a las elecciones del 26J, empezamos a alejarnos, un poco, de las emociones del momento y a digerir unos resultados que a algunos ha sorprendido pero que son el natural resultado de lo que desde hace seis meses y hasta ahora ha sido la política en España.

Como siempre en estos casos, todos ganan aunque podemos hacer matices que nos aclaren lo sucedido y valorar los resultados.

El Partido Popular ha rentabilizado el dejar hacer durante estos meses. Cuando en diciembre vio los números y las actitudes de los demás, decidió esperar acontecimientos. Ante el fracaso de pactos y vetos, planteó una nueva campaña polarizando el escenario político entre su experiencia, sus resultados económicos y su moderación por un lado y la aventura, el riesgo, la inestabilidad y el radicalismo de Unidos Podemos, por otro. Ninguneó intencionadamente al PSOE con la esperanza de que Pedro Sánchez fuera apeado por su aparato y forzara la abstención que facilitara el gobierno de Mariano Rajoy. Utilizó también el argumento del voto útil para recuperar el voto fugado a Ciudadanos, esgrimiendo para ello el temor al ascenso electoral de Unidos Podemos. Todo hay que decirlo, le salió bien. Redondo, diría.

El PSOE, pese a batir un nuevo record en los peores resultados de su historia, tuvo que apretar mucho en los días de campaña, movilizando la fantástica estructura que sin duda tiene. Se vio apremiado por la expectativa creada por Unidos Podemos que amenazaba, además, su hegemonía en la izquierda. Pedro Sánchez logró un nuevo mal resultado. Pero, si hacemos lectura interna, no hay ya quien le apee de la Secretaría General. Refuerza su liderazgo personal, pues todos sus barones territoriales han perdido en sus regiones. Incluida Susana Díaz, derrotada en Andalucía y con pírricas victorias provinciales en Huelva, Sevilla y Jaén. Y el PSOE, además, así las cosas, sigue siendo clave en la gobernabilidad de España.

Unidos Podemos demuestra una vez más que en política no valen las matemáticas. Que dos y dos no son cuatro, sino que hay más parámetros que determinan el voto del ciudadano. Lo que se cree que se gana por un lado en una alianza, se pierde por otro. Su expectativa era, no solo adelantar al PSOE en resultados, sino disputarle directamente la victoria al PP, cayendo y alimentando la polarización. Se consolida, pero no crece. Pero por el camino se ha impregnado de una Izquierda Unida, ya muerta, que le pesará como una losa en futuros comicios.

Y Ciudadanos, o mejor dicho Albert Rivera, porque no hay nadie más detrás de las siglas, recogió los errores de los últimos seis meses. Abusó de sus ataques personales a Mariano Rajoy, pensando en que la propia estructura del Partido Popular le movería la silla; se mojó alcanzando un inútil pacto de gobierno con el PSOE y se sentó con quien dijo que jamás se sentaría, Podemos, sin ser consciente de que administraba buena parte de un voto popular desencantado.

Como ven, aunque sutilmente, el escenario ha cambiado, aunque no así los actores. La matemática sigue siendo diabólica, pero ha devuelto a la realidad a los protagonistas y a sus empecinamientos. Esperemos que en esta poco nueva etapa las actitudes cambien y haya pactos de investidura y de gobierno. No creo, por tanto, que haya nuevas elecciones aunque tampoco habría que descartarlo, pero sería un grave error.

Con lo que empieza a llover en Europa y las nubes que podrían llegar a nuestra incipiente economía, carecer de un gobierno que funcione es un lujo que no nos podríamos permitir.

martes, 21 de junio de 2016

Entrevista en Canal Extremadura

https://drive.google.com/open?id=0B2C1uq19332eTW45Ym40ZVF1R2M

Entrevista realizada por el programa EmásI que se publicó el pasado 13 de marzo de 2016 en Canal Extremadura.

En él explico las actividades que se desarrollan desde el coaching político, la necesidad de acudir a estas herramientas y las expectativas que crea entre la clase política y social.

El coaching político, que podemos llamar también coaching social, se dirige a que aquellos que se dedican al servicio público, desde cualquier ámbito o cualquier finalidad, la ejerzan con plena eficacia, alcanzando altas cotas de desarrollo público y, sobre todo, personal. 

Está especialmente orientado al desarrollo de personas y equipos en ámbitos tan diversos como las organizaciones sindicales, las organizaciones no gubernamentales, asociaciones, organizaciones y equipos de cualquier índole y, también, partidos políticos y sus organizaciones juveniles.

domingo, 19 de junio de 2016

Esto no tiene arreglo

Según pasan los días de esta campaña electoral, lo que veo, leo y oigo me hace llegar a la conclusión de que esto no tiene arreglo porque no hay voluntad de que se arregle. Y lo digo, no como afán de crítica o como muestra de la saturación política en que vivimos desde hace ya una larga temporada, sino como constatación de una realidad que no me crea más que preocupación e incertidumbre. Sensaciones que, estoy seguro, tiene la inmensa mayoría de ciudadanos.

En la campaña para las elecciones del 20D había cierta curiosidad por conocer cómo evolucionaria la situación con la aparición de los partidos “emergentes” y la dicotomía abierta entre la “nueva política” frente a la “vieja política”. Había dudas sobre cuál sería el apoyo a un Gobierno que, habiendo superado en parte la crisis, llevaba cuatro años sin explicar las medidas que tomaba, lo que perseguía con ellas y cuál era la ruta a seguir. Y había que ver también qué obtendría un PSOE pleno de contradicciones y con un liderazgo cuestionado.

Sin embargo en esta ocasión parece que todo se centra en cuestiones de interés exclusivo de los partidos: si Podemos adelanta al PSOE; si Sánchez se decide en sus amores entre Podemos y Ciudadanos; si se fía o no de Iglesias; si tragará con Podemos cuando se vea de tercera fuerza política; si Ciudadanos veta más a Rajoy por ser Rajoy y no por ser del PP; o si al que veta definitivamente Rivera es a Iglesias o que terminen con arrumacos mutuos y si a Rajoy y al PP les funciona su imagen de sensatez, sus logros económicos, su visión de la unidad territorial de España y la proclama de hecatombe ante lo que se avecina.

Pero visto lo sucedido en aquella reciente campaña, y sus largos meses siguientes, con lo que está sucediendo ahora, todo confirma que esto es un gran teatro donde los actores anuncian vetos que luego se levantan, prometen cambios en la Constitución para los que con seguridad no habrá mayorías parlamentarias para ser aprobados, presumen de un nuevo estilo cuando siguen haciendo lo mismo que criticaban, los más progres plantean un estado plurinacional donde todos seamos naciones, presentan medidas que no se sabe cómo demonios se van a pagar y cambios en todo por el mero cambiar todo sin tener la constancia de que sea bueno para el conjunto de la ciudadanía y de interés para toda la nación. Toda una incertidumbre. Un mar de dudas y un temor por lo que se avecina.  

Seamos claros. La nueva política no existe. Se trata de la vieja política, la política. La política de siempre hecha por nuevos personajes. La política que poco tiene que ver con hacer cosas de forma distinta. Se hace lo mismo que antes pero por otros. Por otras caras, muchas de ellas derivadas de otros partidos de donde han salido rebotados y ahora critican.

Y entre personalismos y estilos anda la cosa y nos tienen a todos en un vilo. Mariano Rajoy está esperando los resultados para ver si Pedro Sánchez y el PSOE se abstienen para favorecer una investidura complicada. Pedro Sánchez llenó la boca y la sigue llenando con que no facilitará ni por acción ni por omisión un gobierno del PP. Albert Rivera se cierra en banda y también dice que no ayudará a que Rajoy gobierne, aunque aceptaría que liderase algún otro del PP. Pablo Iglesias, que sabe que solo no podría gobernar, no para de reclamar el apoyo del PSOE, que está entre dos aguas.

Se trata de personas, de personajes y de personalismos. Pregunto y muchos nos preguntamos: ¿Será posible que visto lo visto dimitan los cuatro personajes en cuestión y empecemos de cero? Porque si esto sigue así, virgencita que me quede como estoy.

martes, 7 de junio de 2016

El hastío de la calle


Ni la política ni los políticos han terminado de asimilar el hastío que se ha instalado en la ciudadanía. Esa frustración se genera porque las elecciones celebradas el pasado 20D no sirvieron para lo que se pretendía; porque, tras ellas, los líderes han demostrado una absoluta incapacidad para llegar a acuerdos de investidura y de gobierno; porque se ha venido primando el ego personal frente a los intereses de los ciudadanos y del Estado; porque durante meses hemos asistido a propuestas verdaderamente aberrantes y a ver quien decía la última tontería; porque por eso estamos abocados a unas nuevas elecciones el próximo 26J y porque a estas alturas ya es evidente que no se está dispuesto a corregir los errores de estos meses.

Desde la política se debe estar a favor de alcanzar acuerdos entre puntos de vista distintos y de llegar a compromisos entre las distintas formaciones que permitan un gobierno razonable para todos. Sin vetos a nadie. Sería generoso decir que durante estos cinco meses no ha sido posible, porque, sinceramente, no se ha querido. Han valido más las fobias y estrategias del momento que el interés de los ciudadanos, que somos con todo merecimiento rehenes de la situación que nosotros mismos hemos creado.

No hablemos de vieja política ni de nueva porque es la misma. Es política. Con sus grandezas y debilidades.

Podemos quiere, a toda costa, adelantar electoralmente al PSOE y convertirse en el eje de la izquierda española. Pero esa izquierda radical a la que representa es la izquierda de siempre, es la izquierda comunista que nunca fue referente de nada en España. Y ahí están los resultados electorales desde 1977 para demostrarlo. Que tenga ahora la posibilidad de ser la segunda fuerza política demuestra lo enferma, cabreada y desinformada que está nuestra sociedad. De socialdemocracia, nada. El Marx y Engels que nadie lee. Demuestra cómo se es capaz de engañar a los incautos y de ilusionar a los jóvenes.

Ciudadanos, o mejor dicho Albert Rivera, porque no hay nadie más tras las siglas, surge por las simpatías que generaba en España su posición siempre en contra de la autodeterminación en Cataluña. Ahí su mérito. Pero extenderse desde sus cuatro provincias de origen a las cincuenta y dos restantes en tan poco tiempo refleja los mimbres con las que cuenta y puede contar. Se apoya en el desencanto de la gente moderada que quería votar otra cosa que no fuera PP o PSOE o, incluso, UPyD.

Pedro Sánchez esta llevando al PSOE a las más altas cotas de incertidumbre. Ha conseguido que sea un partido poco confiable en el sentido de que nadie sabe qué va a hacer ni con quién, si lo que dice hoy, lo contradice mañana o dice otra cosa distinta. El mayor fracaso de Pedro Sánchez es su necesidad de ser Presidente y sería capaz de todo para serlo. El paulatino descenso del PSOE, encuesta a encuesta, puede suponer una grave crisis en su organización, que no se merece los gestores de los últimos años. Parece que los buscan.

Y como alternativa a todo esto, que no es poco, el Partido Popular se mantiene como faro en la tormenta, sin darse cuenta, o dándosela, de que, cuando amaine, el paisaje ya no será el mismo y se verá obligado a modificar sus estructuras internas, sus estilos y sus liderazgos.

martes, 10 de mayo de 2016

IU: la primera víctima de Podemos.

Ha tardado pero ya está hecho. El partido emergente, joven y tercera fuerza política en España, Podemos, concurrirá al alimón con la veterana, carca y arcaica quinta fuerza política de Izquierda Unida o de Unidad Popular o como quiera que se llame. Aunque se quiera ver como una novedad, se trata, a mi modo de ver, de una noticia esperada en la que ambos pretenden cubrir sus necesidades con la esperanza de que la matemática se instale en la política y que, tomando como referencia las elecciones del pasado diciembre, los resultados de ambas se sumen en junio.

El parasitismo es un proceso biológico en el que, el parásito se beneficia del hábitat y del medio ambiente del huésped para su desarrollo vital. Esta convivencia es absolutamente perjudicial y dañina para el huésped, pues su visitante, en un alarde de egoísmo, le puede ocasionar una lesión, una enfermedad o incluso la muerte.

Es un hecho que Podemos comenzó su andadura política, en la que necesitaba más pragmatismo que teoría, aprovechándose de los descontentos que provenían de una extrema izquierda a la deriva y sin liderazgo desde que Julio Anguita dejó el mando de Izquierda Unida a Gaspar Llamazares y el del Partido Comunista a Francisco Frutos. Ni siquiera logró reconducir su caída con Rosa Aguilar, convertida en flamante fichaje de los socialistas andaluces de José Antonio Griñan, frustrándose así toda esperanza de salir de un hoyo ideológico caduco en toda Europa.
  
Izquierda Unida, al contar con estructura en todas las provincias de España, se convirtió en el primer objetivo de Podemos, pues se veían enormes posibilidades de crecimiento a través de las sedes territoriales ya existentes, facilitándose así una expansión rápida y eficaz de la nueva organización que le permitiera abordar los sucesivos procesos electorales. El parásito contactó con su huésped. Se aclimató a su medio y comenzó su desarrollo.

Pero Podemos no era Izquierda Unida. Decían ser una “nueva política”. Eran seres puros e impolutos que llegaban para la ruptura del sistema, para el cambio drástico y radical con la Transición. Para el joven urbano, incorformista, universitario y políticamente activo, pero ni de izquierdas ni derechas, era la alternativa para hacerlo y terminar tanto con las élites de los partidos de la “vieja política” como con los poderes fácticos del neoliberalismo.

El pacto alcanzado ayer, del que se desconoce su contenido incluso para los propios militantes y seguidores de ambas formaciones, que hoy lo votan a ciegas, supone un posicionamiento claro en el que los dos firmantes creen obtener beneficios.

Izquierda Unida obtiene un número de escaños más acorde con su realidad y que la Ley Electoral impedía. También, digámoslo, dinero en un momento en que su situación financiera es de absoluta bancarrota. Aporta, eso sí, un votante fiel en el segmento de edad superior a los 60 años del que Podemos carece. Por el contrario pierde ya su identidad de izquierda tradicional y razonable. Y ahí lo dejo, porque es todo lo que puede perder.

¿Y qué gana Podemos? De momento su caída electoral y la fuga de votos que previsiblemente irían hacia Izquierda Unida. Gana también ilusionar a los votantes de la izquierda más dinámicos y solapar para otros las escandaleras de los intereses por los sillones y poltronas, los ingresos venezolanos a la fundación CEPS, el sospechoso crowdfunding del que se financia y el chavismo que inspiró su fundación. Toda una retahíla de tufos. ¿Y que pierde? Mucho: su camuflaje político. Ya no es la “nueva política”. Es la política de siempre y en su versión más rancia y caduca. Confirma su radicalismo de izquierda asumiendo postulados que no han funcionado en ningún país del mundo en los últimos cien años.

Pero hay más. Aquellos que están agarrados a la calculadora deben saber que la política no es aritmética. Que dos y dos no tienen por qué ser cuatro. Que los pactos que a unos pueden gustar a otros pueden espantar. Es una falacia y un desprecio al votante creer que la unión de ambas formaciones políticas supondrá de forma directa y automática la suma de los votos de una y otra. Eso nunca ocurre.

Nos espera, todavía, mucho tiempo para ver con paciencia como se entretienen y juegan con nuestros destinos aquellos que el próximo 26 de junio nos pedirán el voto. Y la verdad que el aburrimiento, el desánimo y el desencanto de los últimos meses no auguran nada bueno. De momento, Podemos ya tiene su primer trofeo. Ahora va a por el siguiente.